Antes de nada tengo que decir que el día de hoy ha sido uno de los más interesantes y productivos en los últimos meses, y no tiene nada que ver ni con trabajo ni con intereses profesionales. En realidad se debe a que lo he disfrutado haciendo algunas de las cosas que más me gustan y con la mejor compañía posible: remolonear en la cama hasta tarde, desayunar fuera de casa, pasear con las bicis por el río, ojear libros de fotografía en la Fnac, tomar cervecitas en El Salvador y alguna historia más
A todo esto, hoy decidí después de pensarlo durante el desayuno, volver a coger mi Nikon D7000. Hacía como un siglo que no la utilizaba y la verdad es que tampoco la he echado mucho de menos, quizá porque nunca he dejado de hacer fotos gracias sobre todo al iPhone4. Sin embargo, está claro que cuando quieres algo de calidad necesitas como mínimo una cámara réflex.
La cuestión es que tan sólo he tirado 2-3 fotos de prueba nada mas cogerla y no la he vuelto a sacar de la bolsa, a diferencia del iPhone que sí lo he utilizado en varias ocasiones a lo largo del día. Y creo que el problema esta en lo incomodo que es llevar una réflex arriba y abajo todo el día.
Sinceramente, cada vez tengo más claro que no todo el mundo que quiera hacer buenas fotografías necesita una cámara réflex, como quieren hacernos pensar a través de la publicidad actual.
Así que la conclusión es clara, ya no necesito una cámara reflex. Esto no significa que vaya a dejar de hacer fotos, sino que a partir de ahora tengo que empezar a pensar cual es la cámara que mejor se adapta a mis necesidades y a mis gustos.
Como ejemplo, algunas de las imágenes que he tomado con el iPhone:

Río Guadalquivir

Plaza del Salvador

Biliyi, Marta y Maraya





